RESPETO

Fugai encontró a más de diez instructores zen, pero su propia mente era tan aguda y libre que  ninguno podía igualársele.  Por fin, encontró al temible Genro, el Lobo, y alcanzó la gran iluminación con una simple frase del gran Maestro zen.  Después de lograr la maestría de las enseñanzas internas, Fugai dejó a Genro y desapareció en el anonimato para madurar su desarrollo espiritual. 

Entre los sucesores de Fugai se encontraba Tanzan, uno de los Maestros que sobresalían en los primeros años de la época moderna.  Tanzan era también extraordinariamente agudo y, en su juventud, había pasado por muchos de los predicadores zen de aquella época antes de encontrar al Maestro Fugai.

                    Al contrario que su instructor Genro que le precedió, el Maestro zen Fugai era extraordinariamente cálido y amable.  Tanzan, por el contrario, era corpulento y viril, temperamentalmente parecido más a su abuelo espiritual Genro.  Cuando Tanzan encontró  por primera vez a Fugai, tomó la suave gentileza del Maestro como un signo de debilidad y por dentro lo reconvino.  Percibiéndolo, Fugai planteó de repente una cuestión tan aguda que Tanzan empezó a transpirar con todo su cuerpo, completamente perdido buscando algo  que decir.  Entonces, Tanzan reconoció la maestría sin trabas de Fugai y se convirtió en un verdadero discípulo.

 

             Una vez, Tanzan vio la pintura de un tigre hecha por Fugai.  Hizo la siguiente observación: “Este tigre es como un gato, pero aun siendo así, posee su propia inviolable majestad”.